Por: Emilio Palacio
¿Puede un médico emitir un certificado que diga que una persona está viva aunque en realidad esté muerta? Por supuesto que sí: el papel aguanta de todo. Pero habría que ser muy tonto para creer que ese papelito le devolverá la vida al difunto.
Lo mismo ocurre con las monedas. Su fortaleza o debilidad no están atadas a lo que rece la constitución (que también es un papel), sino que depende de la fortaleza o la debilidad de la economía de un país.
Los ecuatorianos tenemos un ejemplo a la mano, sólo que es un ejemplo al revés. Cuando el país se dolarizó, la constitución de 1998 establecía que el sucre era la moneda oficial. Pero de repente la mitad de los bancos quebraron, miles de ecuatorianos se quedaron sin empleo o huyeron del país, y en las arcas fiscales no quedaron billetes ni para pagar las tizas de las escuelas. Azotados por semejante vendaval, nadie se acordó de la constitución del 98 y todos recibimos al dólar casi como nuestro salvador.
La desdolarización hoy es una necesidad vital para el correísmo, porque el país ya no dispone de la montaña de divisas que su jefe manejó durante su mandato anterior; de tal modo que si llegan al gobierno se verán obligados a emitir sucres, cóndores, patacones, o como se les ocurra llamarlos, abriendo las puertas a una inflación descontrolada, como en Venezuela.
De allí el convencimiento (que yo comparto) de que la propuesta del correísmo de reformar la constitución para sostener el dólar no sea sino una burda maniobra para tontos o ignorantes.
Aun así, debo hacer una alerta: si el correísmo gana las elecciones, las órdenes, los decretos y los proyectos de ley no llegarán de Bélgica sino de México. No serán Luisa González ni Rafael Correa los que manden sino los carteles, que dejarán a Luisa y a Rafael como la careta y el disfraz para esconderse.
Ya hoy en día los carteles manejan jueces, fiscales, generales de Policía y guías penitenciarios. Metieron algunas de sus fichas en la Asamblea Nacional y en varias alcaldías. Y controlan barrios enteros en Guayas y Manabí. Pero ahora quieren ser ellos los que repartan el pastel, y no sus mayordomos y mucamas, para culminar así el proyecto de convertir al Ecuador en el narcoestado que previó Pancho Huerta.
Y es aquí donde entra la preocupación que les quería transmitir: los carteles extranjeros calculan sus ganancias como cualquier empresario: no les gustan las monedas erráticas; prefieren las monedas duras, como el dólar; no sólo porque protege sus inversiones sino porque los narcodólares no se lavan con sucres ni con patacones sino con dólares, así que no me sorprendería que sean ellos, los dueños del circo, los que finalmente decidan este asunto, y no las focas, que aplauden cualquier cosa que les ordene su entrenador.
Tomado del Diario La Hora.